martes, 27 de julio de 2010

Yolanda Jaimes: Dar felicidad

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Una entrevista de prensa realizada al científico venezolano Jacinto Convit, trajo a nuestra mente la reflexión que proviene como consecuencia de nobles actuaciones ejecutadas por individuos cuya vida se ha expresado en laboriosidad permanente y servicios al bienestar social, expresadas con la humildad propia del sabio verdadero.

Es un investigador a quien el país debe la gloria de haber desarrollado la vacuna contra dos enfermedades que en la Venezuela agraria diezmaron la población, pero hoy, gracias a su talento y tesón, están controladas: la lepra y la leishmaniasis. Convit desarrolló una labor humanitaria asombrosa, pues no sólo se dedicó a buscar la cura para tan terrible enfermedad como la lepra, sino que lideró una campaña para que quien la padecía, recibiera un trato digno de su condición humana.

Es un médico social que a sus 96 años de edad, considera su profesión como la de un servidor público y un protector de la vida humana. No se da pausa en el trabajo: ahora está a la búsqueda de una vacuna contra el cáncer, ojalá pueda llegar a su meta, pese a que ya la humanidad se muestra incrédula acerca de abatir un mal que causa tantas muertes. En esta difícil tarea está investigando el Dr. Convit y es una esperanza para el avance de la Ciencia, de la cual, según afirma, depende el desarrollo de un país.

Tan insigne venezolano bien merece el Premio Nobel de la Medicina, por el enriquecedor aporte dado a la ciencia en su larga vida.

Su proyección hacia el futuro crece aún más cuando habla, no sólo de su propósito de derrotar el cáncer, sino cuando, cual filósofo, compone un canto a la vida al afirmar que tener planes que estimulen la actividad cerebral, ejercitar el cuerpo permanentemente, vincularse con amistades, vecinos y compañeros para intercambiar ideas, son pautas indispensables para alargar la vida.

"Uno debe acostumbrarse a ser feliz, cuando hace feliz a los demás", concluye Convit en su entrevista.

Dar felicidad no debería ser tan difícil si nos deslastramos de mezquindades y de envidias. Si abandonamos el individualismo y vamos al reencuentro de nuestros semejantes. Si somos capaces de compartir y de dar sin esperar nada a cambio. ¿Acaso la felicidad del ser humano no es un objetivo de nuestros días?



Abogada/ Prof. UCV