domingo, 11 de julio de 2010

“Vacuna contra el cáncer no es una pócima”



Psicólogo Ignacio Moreno, Pacientes deben contar con el apoyo de su oncólogo tratante



Caracas, julio 10 (REDACTA).- La inmunoterapia en Medicina está referida al conjunto de estrategias de tratamiento para estimular o reponer el sistema inmunitario frente al cáncer, infecciones u otras enfermedades así como para aminorar los efectos secundarios de tratamientos muy agresivos usados contra el cáncer. El objetivo puede ser profiláctico (preventivo) o terapéutico (curativo o de mantenimiento). Dentro de los tratamientos biológicos están los anticuerpos monoclonales, las vacunas y los denominados factores de crecimiento.

Esta es la explicación que el interesado o simplemente curioso, obtiene cuando accede a las páginas especializadas para explorar respecto a este tema. En los actuales momentos, los estudios que en este sentido adelanta -desde ya hace cuatro años- el doctor Jacinto Convit, han elevado a un ritmo frenético la dinámica de trabajo en el Instituto de Biomedicina ubicado en Caracas.

Curiosos, enfermos, investigadores y periodistas se unen en charlas informativas sobre el tema que se están dictando en esa sede, porque el interés es que la transparencia en la difusión del estudio reduzca el nivel de distorsiones e incertidumbres que genera la desinformación.

Este viernes, el doctor Ignacio Moreno, psicólogo social incorporado desde hace cinco años al equipo de trabajo del encomiable doctor Convit, estuvo al frente de los grupos que se dieron cita para aclarar sus dudas en torno al proceso.

“La vacuna -llamada autovacuna por su vinculación exclusiva a la tumoración de cada paciente- mejora el sistema inmunológico, pero si sus condiciones no son las más adecuadas en otros aspectos de su vida no se podría contar con un éxito completo”, explica Moreno. “No es una pócima, ni una vacuna que va a impedir que aparezca el cáncer, en eso hay que estar muy claro”.

De sus 96 años de vida, 72 los ha dedicado Convit a la investigación de enfermedades de importancia como la lepra, el mal de Chagas y ahora el cáncer.

El psicólogo fue insistente en aclarar -como ya lo ha hecho sobradamente el líder del equipo- que el tratamiento no es preventivo sino terapéutico, y en que, para que el paciente sea admitido en el estudio experimental debe contar con el apoyo de su médico oncólogo tratante -otro requisito fundamental por cuanto en el Instituto de Biomedicina no hay este tipo de especialistas-, que debe convertirse en soporte de su paciente y supervisor de los cambios que se producen en él como consecuencia de la aplicación del tratamiento.

He allí el problema, insistió Moreno. Al parecer, la colaboración no ha sido tan amplia y rápida como se esperaba. El pronunciamiento de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela -hecho el jueves- puede ser un paso para que este escenario cambie. “El doctor Convit ha recibido apoyo moral de la Federación Médica de Venezuela y de la Sociedad Anticancerosa, y esto podría representar un cambio alentador en la colaboración que necesitamos”.

“En Valencia -por ejemplo- pareciera nuclearse un grupo de gente que quiere dar su respaldo al estudio del doctor Convit. Sabemos de médicos, fundaciones y sectores de la sociedad civil que están ganados a dar un apoyo importante a este trabajo”, afirmó sin ahondar en detalles.

Esto es importante porque la distancia podría convertirse en una limitante para los pacientes que llenen los requisitos para formar parte del estudio “no se trabaja con biopsia sino con material tumoral fresco”.

En el mundo, según aludió Moreno, se conocen 2.800 referencias de modelos de inmunoterapia aplicados a diferentes tipos de cáncer, para la FDA (Food and Drug Administration, según sus siglas en inglés) todavía los métodos plenamente aceptados son la cirugía, la terapia hormonal, la radiología y la quimioterapia, para ellos la inmunoterapia es considerada como estudio experimental.

En la página web del Instituto de Biomedicina establecen los parámetros para garantizar la efectividad de la autovacuna. “El límite a los efectos de la autovacuna está directamente relacionado con el estado del sistema inmunológico del paciente. En el desarrollo del trabajo se ha encontrado que si la persona vacunada no cuenta con un sistema inmune de nivel adecuado, la vacunación queda sin efecto. Por ello, se realiza una prueba al paciente, previa a la aplicación de la autovacuna, para evaluar su estado inmunológico y determinar si puede pasar a una siguiente fase del estudio”. (IA)