lunes, 7 de julio de 2014

¿Y el homenaje para Jacinto Convit?

Por: Roberto Arenas / 19/05/2014



Durante tres días se mantuvo el duelo nacional por la muerte, en circunstancias trágicas y nada esclarecidas, de Eliécer Otaiza, uno de los más destacados brazos actuantes de la Revolución Bolivariana. No puedo negar que hizo aportes de valor basándose en su experiencia como deportista, en favor de seres que no por tener discapacidades en el conocimiento, son menos humanos que los demás. Lo acepto como un hecho, que Otaiza tuvo méritos, como no, aunque tuviera fallas como ser humano, como todos, o a pesar de aquel accidente en motocicleta que le costó la vida a una amiga abogada, o de lo que se dijera de él, cierto o falso. Ya este punto no merece discusión alguna.

 Y sin embargo, al igual que pasó con ese Gran Científico positivista y a la vez humanista como fuera el Dr. Humberto Fernández Morán, al Dr. Jacinto Convit García el Gobierno Bolivariano le ha negado su justo homenaje, y su marcha a la Dimensión Desconocida pasó en medio de un estruendoso y vergonzante silencio, pese al gran bien que le hizo a Venezuela y al Mundo, viendo y ejerciendo la Medicina como un Apostolado, lo cual tiene sin cuidado a quienes dicen que "con el Juramento Hipocrático no se puede comer". Semejante frase no tuvo cabida en el léxico de este Héroe de la Salud Mundial, a quien nunca le pasó por la cabeza considerar la adopción de otra nacionalidad, a diferencia del Dr. Baruch Benacerraf quien prefirió otro camino para alcanzar el hoy cuestionado Premio Nobel. 

Tampoco cabía en su diccionario personal la horrenda palabra "jubilación" que equivale casi a morir en vida como le pasa a ciertos empleados de la administración pública, incapaces de ver más allá de su labor. Por eso, llegó a la insólita edad de 100 años, convirtiéndose de paso, en el científico más longevo que haya existido jamás. Pero eso, a la hora de las cuentas finales tampoco importa mucho porque sus aportes a la ciencia y a la humanidad pesan aún más, al salvar a la Humanidad de la terrible lepra y de casi hacerlo con el elusivo cáncer, que se le sigue escondiendo a los científicos de hoy. 

No era precisamente Convit amigo de adulancias innecesarias al Eterno Presidente Hugo Chávez, ni de repetir lemas políticos chocantes, hábito condenado por el General Alberto Müller Rojas. No se identificó abiertamente como partidario de una idea política, pero ¿acaso eso sirve para descalificarlo?. 

No voy a negar que, alguna vez la Asamblea Nacional, le hizo merecido homenaje en vida, que es el que vale. Pero, y el Presidente Maduro, ¿por qué tenía que callar?. Unos cuantos pedimos en Twitter, una declaración de Duelo Nacional por la partida física de este Grande y Sencillo Héroe, quien no necesitó sino de las armas de la ciencia positivista y del humanismo para combatir otros enemigos que no fuesen las enfermedades temibles. 

Pero nuestra petición fue ignorada, sin explicación alguna. ¿Será que también en nuestra Revolución valen más los deportistas, los políticos y los militares que los científicos y por eso sus logros no se exhiben con orgullo en nuestros Institutos Educativos?. ¿Y si es así, como carajos vamos a pensar en un cambio para nuestra sociedad, hambrienta de personajes que lo dan el todo por el todo, y siempre por el prójimo?. Honor a quien honor merece, Presidente Maduro, no lo olvide.

viernes, 16 de mayo de 2014

Por más de 100 años la Isla de Providencia albergó a miles de leprosos del país: Hoy quedan 14 pacientes sanados por Convit

Tres kilómetros de largo y dos de ancho albergaron por más de un siglo a miles de enfermos con la enfermedad de Hansen, conocida como lepra, discriminados, marginados y excluidos por la sociedad. Se trata de la Isla de Providencia, uno de los dos leprocomios que existieron en el país, ubicado en el Lago de Maracaibo, a dos kilómetros en lancha de Maracaibo, estado Zulia.

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Historiadores afirman que el primer enfermo de lepra que se conoció en la entidad se llamó Domingo de la Vega, quien arribó a la ciudad tras una ola de inmigración en 1801, iniciando así la propagación de la bacteria.

Según información recopilada sobre los archivos oficiales de Providencia, para el año 1820 fue recluida toda una familia afectada por la enfermedad y llevada fuera de la ciudad para evitar el contagio de otras personas.

El 5 de septiembre de 1828, el Libertador Simón Bolívar oficializó mediante un Decreto la constitución de un hospital para leprosos, o lazareto, en el lugar inicialmente llamado Isla de Burro, después Isla de Mártires y finalmente Isla de Providencia.

En 1839 el Hospital de Lázaros contaba con nueve enfermos, y por Decreto del Gobernador de Providencia se inició la ampliación del mismo para permitir la reclusión de nuevos pacientes. Para el año 1843 el sitio contaba con salones para hombres y mujeres, comedor despensa, ropería y habitaciones con cocina.

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10 años más tarde el número de leprosos había aumentado de nueve a 36, sin embargo, en el año 1880 la falta de medicinas, comida, recursos para el aseo y ropa, generó un desmejoramiento de la disciplina de los pacientes, quienes desesperados intentaban escapar de Providencia, incluso nadando.

 Por más de 100 años la Isla de Providencia albergó a miles de leprosos del país: Hoy quedan 14 pacientes sanados por Convit

Reinaldo Ocando, administrador del Hospital Cecilia Pimentel. Foto: Deivis Oviedo
Reinaldo Ocando llegó junto a otras 15 personas al lazareto en 1984, un año antes de su evacuación total. “Cuando llegué la isla tenía cementerio, biblioteca, iglesia, lugares para la diversión de los pacientes, casas, había de todo en cuanto a infraestructura, pero faltaban servicios”, relató Ocando, quien detalló que la electricidad era deficiente, las plantas generadoras de luz no servían y el agua potable estaba escasa.

Los enfermos realizaban laborterapias, que consistían en el tratamiento de su condición mediante el trabajo. Ocando explicó que a los pacientes se les entregaba la comida cruda y ellos se encargaban de cocinarla en sus hogares. “Cada quien tenía su casa, iban al depósito a buscar los alimentos que ellos mismos preparaban. De esa manera ellos se sentían útiles y se mantenían ocupados”, señaló.

Pisando tierra firme
El 22 de agosto de 1985, tras el logro del científico venezolano Jacinto Convit en su incansable cruzada contra la lepra, fueron trasladados a tierra firme todos los habitantes de Providencia. Esto como parte de su lucha ante el rechazo constante de la sociedad a quienes llevaban en su organismo la bacteria que dos años después fue derrotada por el hallazgo más brillante en los 100 años de vida de Convit:  la vacuna que permitiría la cura y prevención de la enfermedad.

La leprosería de Cabo Blanco, en Maiquetía, estado Vargas, también fue cerrada y a su vez fueron abiertos centros de servicios antileprosos, lo que convirtió a Venezuela en el primer país del mundo en lograr la hazaña.

“Nos trasladaron a todos, al personal administrativo, médico, de servicio y a los pacientes a Palito Blanco, en total éramos como 180 personas”, explicó Ocando y a su vez describió al Hospital Dermatovenerológico Cecilia Pimentel, en el sector Palito Blanco, municipio Jesús Enrique Lossada, como un “hotel cinco estrellas”.

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Por más de 100 años la Isla de Providencia albergó a miles de leprosos del país: Hoy quedan 14 pacientes sanados por Convit

Johanna Luzardo, directora del Hospital Cecilia Pimentel.
El nuevo centro de salud tenía una capacidad para 200 camas, todas las comodidades y servicios, y aunque algunos al principio rechazaron el cambio, luego aprendieron a valorar las comodidades.

Al Cecilia Pimentel llegaron 87 pacientes, siendo estos los únicos, pues no se han registrado nuevos ingresos. En la actualidad solo quedan 14: 11 hombres y tres mujeres.

El paciente con mayor edad tiene 85 años, mientras que el más joven ya cumplió 54, explicó la directora del centro asistencial, Johanna Luzardo.

Luzardo aseguró que ninguna de las personas que fueron trasladadas desde la Isla de Providencia es infecciosa. “Están dados de alta, solo que están aquí porque  no tienen a ningún familiar con quien irse. Ellos viven cómodos aquí, esta es su casa y esa fue la promesa que se les hizo al traerlos”, reafirmó.


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“Hubo pacientes que no quisieron venirse y fueron reclamados por sus familiares, otros fueron olvidados, pero aquí los adoptamos y convivimos como una familia”, agregó el administrador del hospital, quien además señaló que 12 de ellos recibieron empleo.

Tal es el caso de Pedro Laya, de 79 años, quien fue jubilado luego de trabajar durante dos décadas en la Gobernación de la entidad. Oriundo de San Fernando de Apure, estado Apure, Laya adquirió la bacteria de la lepra cuando tenía 14 años.

A partir de ese momento fue rechazado incluso por sus familiares, lo que lo llevó a pasar dos años escondido entre los matorrales para evitar ser llevado a un leprocomio.

Por más de 100 años la Isla de Providencia albergó a miles de leprosos del país: Hoy quedan 14 pacientes sanados por Convit

Pedro Laya, paciente del hospital Cecilia Pimentel.
“En ese tiempo se decía que a los leprosos había que montarlos en una balsa para que el mar se los tragara. Yo tenía mucho miedo, pero llegó un momento en el que no aguantaba y le dije a mi hermano que me llevara a Sanidad”, contó Pedro, haciendo gestos con sus manos deformes que demuestran las secuelas de la enfermedad.

De Sanidad lo remitieron al Hospital Vargas, en Caracas, donde conoció a Jacinto Convit. “Eso fue en 1983, Convit me puso un lote de vacunas en la espalda y en todos lados, me dio una caja de comida y los pasajes de avión para irme a Maracaibo”, relató Laya.
El hombre, de 27 años en ese entonces, viajó hasta Maracaibo en autobús, tras rechazar la generosidad del científico a causa del miedo. De allí fue llevado a Providencia y posteriormente al Hospital Cecilia Pimentel.
“Llegué ‘acongoja’o’ a la isla, no conocía nada ni a nadie. Al llegar, a uno lo metían en un pabelloncito para locos y a mí me rechazaron porque decían que iba sano, no parecía que tenía lepra”, narró Pedro, quien hoy vive con su esposa, Francisca González, una mujer sana de quien se enamoró mientras trabajaba para ganar un bolívar diario.

“Yo me casé de verdad”
Enfermeras, milicianos, personal administrativo, pero sobre todo quienes hoy curados compartieron la etapa más difícil de sus vidas, lloran, velan y entierran a cada miembro que muere en la  familia que se ha conformado desde hace 28 años en el Cecilia Pimentel.

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Juanita Pérez, paciente del Hospital Cecilia Pimentel.
Hace un mes ocurrió el deceso de Jairo Portillo, esposo de Juanita Yépez, una mujer de estatura pequeña pero con un carácter enérgico, quien llegó al hospital Cecilia Pimentel trasladada del Centro Dermatológico Sanitario Dr. Martín Vegas, en Catia La Mar, estado Vargas.

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“Me diagnosticaron con lepra cuando salí del colegio, yo estudiaba en la Casa Hogar de Niñas Ciegas en El Junquito y fui paciente del doctor Convit hasta que salí negativa en los exámenes”, relató emocionada Juanita, como es conocida por todos en el hospital.

A los 39 años y en el Martín Vegas conoció a quien fue su esposo por 28 años: “Yo me casé de verdad, no fue de mentirita como dicen por ahí, y a los dos nos trajeron al Zulia para que viviéramos juntos aquí también. A él yo le hacía de todo, limpiaba, hacía la comida, era una esposa ejemplar”, enfatizó la mujer de cabello largo trenzado.

“A veces muero y vuelvo a vivir”
Paulo Hernández nació en Cumaná, estado Sucre. No sabe qué edad tiene, aunque calcula que hace poco cumplió “setenta y pico”, a los 28 fue diagnosticado con la enfermedad de Hansen y lleva 28 años viviendo en el hospital.
Sentado sobre una silla de ruedas que utiliza para movilizarse de un lado a otro desde que fueron amputadas sus piernas, Paulo recuerda que fue trasladado en ambulancia a Palito Blanco.
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 Por más de 100 años la Isla de Providencia albergó a miles de leprosos del país: Hoy quedan 14 pacientes sanados por Convit

Paulo Hernández, paciente del Hospital Cecilia Pimentel.
“Yo tenía piernas cuando me trajeron, pero me costaba caminar, por eso me trajeron en ambulancia, sentado. A veces me muero y vuelvo a vivir, porque a pesar de todo yo quiero vivir y estoy curado (…) después de todo lo que pasé no creo que viva algo peor”, reflexionó Hernández.

¿Qué pasará con el hospital cuando el último de los pacientes muera?, es una pregunta incómoda y difícil de responder para quienes allí hacen vida, pues no imaginan el futuro del lugar que ha albergado por casi tres décadas a quienes alguna vez fueron marginados.

Margarita Fernández tiene 20 años trabajando como enfermera en el Cecilia Pimentel. Ha lidiado con los pacientes y compartido fechas importantes, algunas tristes y otras felices, según ella misma explicó.

“Me ha ido muy bien aquí.  Hemos pasado Navidad y año nuevo juntos, nos reunimos, hacemos comida y cantamos. También pasamos necesidades, no hay ropa ni ambulancia, pero debemos superar las dificultades”, expresó Fernández, quien vive en Maracaibo.

Los directivos del centro asistencial han presentado propuestas a las autoridades regionales en materia de infraestructura y salud para la ejecución de un proyecto de reacondicionamiento del lugar para su posterior transformación en un hospital general.

“Desde hace varios años acá se ofrecen consultas a la comunidad, también tenemos un servicio de emergencia, pero queremos que este hospital sea referencia en el municipio y la entidad”, señaló Johanna Luzardo, su directora.

Durante el día más de 80 personas de los sectores aledaños son examinados por médicos en el área de psiquiatría, ginecología, dermatología, consulta prenatal y planificación familiar; por la noche, los 14 pacientes descansan en sus habitaciones y reflexionan sobre la oportunidad que les brinda la vida a diario de agradecer a su ángel, el doctor Jacinto Convit, por crear su antídoto bendito.



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lunes, 12 de mayo de 2014

Ha fallecido el Dr. Jacinto Convit

Jacinto Convit, "Héroe de la Salud Pública"

Caracas, Venezuela, edad 100


El Dr. Jacinto Convit falleció el 12 de Mayo de 2014, pocos meses antes de cumplir 101 años, en su casa en Caracas.

El Dr. Convit, a quien la Organización Panamericana de la Salud con sede en Washington DC designó "Héroe de la Salud Pública" en 2002, fue un especialista de renombre mundial en la lepra (enfermedad de Hansen) y enfermedades tropicales. Su trabajo en el Instituto de Biomedicina (modificado recientemente a la denominación Instituto de Biomedicina Dr. Jacinto Convit), que fundó en 1972, dio como resultado el desarrollo de un modelo experimental para la lepra. El trabajo en el desarrollo de una vacuna para la prevención y cura de la lepra, sirvió de base para la inmunoterapia de la leishmaniasis. Estas investigaciones llevaron a que en 1988, el Gobierno de Venezuela hiciera las gestiones para llevar su nominación al Premio Nobel de Medicina. El Dr. Convit fue Director del Centro de Colaboración de Referencia e Investigación de Detección Histológica y Clasificación de la Lepra de la Organización Mundial de la Salud. En 1987, España lo distinguió con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica por su dedicación e investigación sobre la prevención y tratamiento de la lepra, leishmaniasis, oncocercosis, micosis y otras enfermedades que afectan a América Latina. Entre los muchos honores y premios que le fueron conferidos por numerosos países, destaca la Orden de la Legión de Honor Nacional de Francia en el 2011.

La trayectoria del Dr. Convit transcurrió activamente por más de setenta y cinco años. En sus inicios, se sintió atraído por la investigación que lo llevó a estudiar las condiciones médicas de los pacientes en regiones remotas de Venezuela, accesibles únicamente a caballo y mula a través de los senderos de Los Andes, y posteriormente entre los pueblos indígenas de la selva amazónica y el Delta del Orinoco. Se esforzó para que los frutos de sus investigaciones aliviaran las vidas difíciles de las poblaciones afectadas por las enfermedades que entonces tenían poco o ningún tratamiento.

Reconoció la necesidad de establecer un centro de investigación en Venezuela dedicado a la investigación de patógenos tropicales y al desarrollo de tratamientos y prevención. A tal fin, buscó contactos internacionales y desarrolló su propio conocimiento científico a través de diversas asociaciones y obras. En 1962, ocupó la cátedra de Enfermedades Tropicales en la Universidad de Stanford (Palo Alto, California) como Profesor Invitado. Luego, ocupó un puesto similar durante un año en el Hospital Jackson Memorial de la Universidad de Miami (Florida).

De regreso a Caracas, fundó el Instituto de Biomedicina que atrajo a investigadores clínicos internacionales, médicos y científicos venezolanos. A lo largo de su vida profesional publicó más de 345 trabajos científicos, entre otros artículos, de los cuales su más reciente fue publicado en el 2013 a la edad de 100 años. En los últimos años de su carrera, el Dr. Convit se centró en emplear los mismos métodos sencillos que había utilizado en la inmunoterapia de la enfermedad de Hansen, para desarrollar una autovacuna para el tratamiento de algunos tipos de cáncer. Su obra perdura en parte gracias a los esfuerzos de la Fundación Jacinto Convit creada hace pocos años.

Durante varias décadas, el Dr. Convit fue galardonado decenas de veces. Aunque recibió muchos honores, era conocido por su modestia y su humildad en reconocer el trabajo realizado por otros en laboratorios alrededor del mundo. Colaboró con los investigadores del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de EE.UU. en Washington, D.C. como también en universidades en los Estados Unidos, Europa y América Latina.

El Dr. Convit nació en La Pastora, Caracas, en 1913. Era hijo de españoles, su padre de Barcelona y su madre de las Islas Canarias. Obtuvo su título de Doctor en Ciencias Médicas de la Universidad Central de Venezuela en 1938 y fue Investigador Asociado de la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1944-45 y la Case Western Reserve, Ohio, en 1945.

En 1946 se casó con Rafaela Marotta, de Caracas e italiana de origen, con quien tuvo cuatro hijos de los cuales viven Francisco Convit, empresario radicado en Caracas, el Dr. Rafael J. Convit, cirujano plástico en Washington D.C. y el Dr. Antonio Convit, profesor e investigador de la Universidad de Nueva York en la ciudad de Nueva York. Su hijo Oscar falleció en 1978 y su esposa en el año 2011. También viven su hermano René en Venezuela además de muchos nietos, bisnietos, sobrinos y sobrinas. Aún con más de 80 años, su esposa lo acompañaba y asistía en sus viajes de investigación para atender a los pacientes en zonas remotas.

Por décadas, participó regularmente en simposios internacionales alrededor del mundo, y fue especialmente activo en la Organización Panamericana de la Salud, afiliada a la Organización Mundial de la Salud, que lo nombró Héroe de la Salud Pública por su proyecto de vida durante la celebración del centenario de esa organización en el 2002. El Dr. Convit se convirtió en un héroe popular en Venezuela por su dedicación a los pobres desatendidos y pacientes con condiciones médicas desafiantes o temidas. Durante toda su carrera como médico, el Dr. Convit nunca cobró a sus pacientes. Fue invitado frecuentemente a ser el padrino de promoción de los graduandos en medicina en toda Venezuela. En estas ocasiones ofrecía un discurso a los médicos recién graduados, en el que siempre alentaba la investigación, el acceso universal a la atención médica, y la importancia de la buena alimentación y el ejercicio para la prevención de enfermedades.

"Los sentimientos de amor hacia el ser humano estimulan la vocación de servicio, que no es otra cosa que un profundo amor a la vida. La profesión médica no es una profesión para dedicarse a producir dinero. El que abraza esta profesión, tiene que tener un convencimiento profundo de que es un servidor público, en todo sentido" Jacinto Convit.

martes, 29 de abril de 2014

Edicion 478: El Dr. Jacinto Convit

leancyclemente@gmail.com


"Convit desarrolló su vacuna contra la lepra y se inicio una era muy brillante en la creatividad científica en donde las universidades, la industria petrolera, farmacéutica y metalúrgica contribuyeron a poner nuestro país en niveles muy envidiables en la contribución al avance tecnológico y científico" 



Cuando el venezolano Jacinto Convit fue postulado en 1988 al Premio Nobel de Medicina por descubrir la vacuna contra la lepra, sentimos que nuestro país se ubicaba en un lugar envidiable en la lucha contra las enfermedades endémicas, las cuales han sido lugar común en los países del “Tercer mundo”. 

Como no conozco los países del segundo y no me gustan las terminologías tradicionales para dividir el mundo, de acuerdo a criterios muy poco humanos (en vías de desarrollo. sub.-desarrollados, del primer mundo, etc.) Prefiero referirme a los países menos favorecidos del desarrollo. Voy a dejar este tema para otra ocasión y ceñirme a lo que en este momento nos angustia en todo el orbe. Es interesante ver que hay situaciones en las cuales no hay primer mundo, tercer mundo, países en vías de desarrollo o sub.-desarrollados, todos se ponen al lado de otro porque las bacterias, “Son una torre de Babel”.

Era la época en que a los enfermos de lepra los trataban casi de manera inhumana; los llevaban muchas veces encadenados y en contra de su voluntad, separándolos de sus familiares y allegados. Ese trato prevalecía desde tiempos milenarios, cuando el terror al contagio se propagaba en todas las poblaciones. Vale recordar que en la antigüedad, a los enfermos de lepra o presuntamente enfermos, les ataban una especie de campana o sonaja que marcaba su acercamiento. Recuerda el doctor Convit sobre la llegada de un paciente leproso, encadenado, custodiado por guardias armados a quienes les pidió que lo soltaran, pues no podría imaginar lo que era sentirse así. Inicia entonces su lucha no sólo contra la enfermedad sino contra el prejuicio.

La era de la Internet y las comunicaciones en tiempo real nos hacen sentir seguros en muchos aspectos que antes eran desconocidos por que el tiempo de llegada a nuestro conocimiento era tradicionalmente largo.

Será que hemos subestimado las enseñanzas de esos viejos maestros como el Dr. Convit que, por no tener la confianza que pueden inspirar los sistemas actuales, tomaban medidas extremas para asegurarse que una bacteria, por muy eliminada que se supiera, podría resurgir y no había que confiarse.

Le dejamos a los grandes laboratorios un problema que ellos no tenían en su presupuesto.
Venezuela fue, en la década de los cincuenta, líder en el avance científico gracias a la creación del IVIC con Humberto Fernández Moran-Villalobos, su reactor nuclear, y la presencia de eminentes científicos como Marcel Roche y Marcel Granier y de premios nobeles invitados que colaboraron en diversas áreas de la investigación. Convit desarrolló su vacuna contra la lepra y se inicio una era muy brillante en la creatividad científica en donde las universidades, la industria petrolera, farmacéutica y metalúrgica contribuyeron a poner nuestro país en niveles muy envidiables en la contribución al avance tecnológico y científico.

¿Por qué no tenemos una vacuna contra esta enfermedad?
La investigación a nivel de los grandes laboratorios para la consecución de vacunas para las enfermedades depende del valor de mercado del antivirus, por ejemplo, la vacuna contra el sida recibe más presupuesto que la vacuna contra la Influenza, las razones son obvias, entonces es allí donde los investigadores de la Influenza y otras endemias no publicitarias, que tienen años dedicados a esas bacterias deben recibir fondos de los gobiernos para compensar la relación costo/beneficio. A la larga ese dúo laboratorios/gobiernos logran más soluciones en el mismo término de tiempo.

Convit siempre tuvo el apoyo del Estado para sus estudios sobre la lepra.
Aquí tengo que hacer un paréntesis, el gran enemigo del investigador científico es el político inmediatista, que solo provee los presupuestos a los proyectos que estén enmarcados dentro de su tiempo de vida como ministro. Quisiera que aquellos funcionarios que tengan responsabilidad en el sector científico sepan que los países caminan sobre su tecnología la cual tiene un tiempo establecido por su única y particular naturaleza.

El doctor Convit ha obtenido numerosas condecoraciones y reconocimientos tanto nacionales como internacionales de gran relevancia, como el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica el 10 de abril de 1987; el Premio Nacional de Medicina; el Premio Ciencia y Tecnología de México, y los Premios Panamericanos Soopr y Horowitz; además del Título de Doctor Honoris Causa de varias universidades.

Ahora desarrolla una vacuna contra el cáncer de seno, colon y estómago
El Instituto de Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela, fundado y dirigido por el Dr. Jacinto Convit, después de tres años de investigaciones con inmunoterapia en pacientes con riesgos oncológicos, confirmó resultados positivos para la cura del cáncer de seno, estómago, colon y cerebro. La vacuna será suministrada de forma gratuita en el Hospital Vargas luego que culmine el proceso de comprobación y efectividad.

De acuerdo a lo explicado por el Dr. Convit, la vacuna se encuentra compuesta por células mutantes del paciente, las cuales poseen varios tipos de células. Para el científico venezolano, “la mutación es la que provoca la recaída más adelante en el paciente, al combinar un gramo de células cancerígenas. El paciente desarrolla una mejoría en su propio organismo por la producción de anticuerpos que destruyen las células cancerígenas”.

Las células tumorales se combinan con el producto conocido como BCG, que ha sido ampliamente utilizado en la lucha contra la tuberculosis y la lepra durante varias décadas, así como también en cáncer de vejiga y como coadyuvante en la inmunoterapia de la Leishmaniasis. A la fórmula se agrega la acción de la formalina, componente usado en estudios realizados por un grupo de investigadores en Estados Unidos contra el ántrax.
Con el debido consentimiento, informado y firmado por 23 pacientes con cáncer en el colon, estómago y seno, a quienes se les aplicó un modelo experimental de inmunoterapia, la evolución confirmó resultados alentadores

Gracias a Dios, actualmente el Dr. Convit nos acompaña, en el descanso del guerrero, pero con el reconocimiento, la enseñanza y la ilusión de que tengamos multiplicado su obra en estos asistidos tiempos. Haber creado el Instituto de Biomedicina antiguo instituto de Nacional de Dermatología, el que dirige desde su fundación, donde existen tres postgrados universitarios: Dermatología, Dermatopatología y Microbiología Médica; una Maestría en Epidemiología Tropical, y donde funcionan veintidós laboratorios de investigación, además de la consulta dermatológica que atiende aproximadamente 4.000 pacientes mensuales, es un reto que cumplió.

El Dr. Convit crea la escuela para que las nuevas generaciones hubiesen descubierto la vacuna para el paludismo, el dengue, la amibiasis, el tétano, etc.

Ante esta emergencia, el Estado tiene una labor bien compleja y de alta responsabilidad porque debe educar la información mediática y programar su plan de emergencia. Paralelamente tiene que crear una diligencia que sea preventiva, efectiva con los posibles infectados y educativos para evitar la propagación.

Si yo tuviese esa gran responsabilidad no dudaría en consultarle al Dr. Convit sobre las medidas sanitarias que deba adoptar el Estado en estos momentos de emergencia. 

Venezuela debería apoyar su nominación al premio Nobel de Medicina, cuyo trabajo está por encima de varios acreedores que tuvieron mejor apoyo circunstancial, en su momento.
Me pregunto como el Dr. Convit logró ese descubrimiento con tantas limitaciones y en este momento no hemos logrado lo mismo en enfermedades similares con mil veces mayor apoyo tecnológico.


jueves, 20 de marzo de 2014

Jacinto Convit: Expresión de una época donde germinó la esperanza

ESTE VIERNES 28 DE MARZO SERÁ EL ESTRENO PUBLICO DEL DOCUMENTAL EN LAS SALAS DE CINES DE VENEZUELA













Vale TV produjo su primer largometraje. Se trata de Convit un film de 70 minutos que narra la vida de Jacinto Convit De manera muy amena y para todo público, la película muestra y revela secretos de la vida ejemplar del famoso científico

Ganador del premio Príncipe de Asturias (1987), Caballero de la Legión de Honor (2011) y varias veces nominado al premio Nobel de Medicina  por haber descubierto las vacunas contra la lepra y la leishmaniasis.
Actualmente, a sus 100 años, investiga la cura contra el cáncer. El Director de esta joya cinematográfica del género documental es Sergio Monsalve. La productora es Rossara Quintero. Ambos son los voceros.

“El hecho de que se pueda hacer un esfuerzo por la gente pobre, une al ser humano”, Jacinto Convit.
Jacinto Convit nace en 1913, en la Venezuela gobernada por Juan Vicente Gómez, un país pobre, rural y plagado de enfermedades, decide estudiar medicina años más tarde, en una Venezuela en la que comenzaba a evidenciarse los contrastes producto del desarrollo petrolero, "una época donde germinó la esperanza" como el mismo escribió.
Su primera gran misión fue contribuir con la erradicación de una de las enfermedades más terribles en la historia de la humanidad: La Lepra y acabar con los leprocomios de nuestro país; encontrar la vacuna contra la leishmaniasis e iniciar sus investigaciones para la cura del cáncer con la llamada auto vacuna; entre muchas otras tareas que se fijó como médico dedicado a la salud pública a lo largo de 100 años.
Su historia transcurre de la mano de la historia de un país, vida que tiene que ser narrada desde el acontecer político, social y económico de Venezuela. Para ello durante los últimos 10 años, Vale TV se ha dedicado a la tarea de recopilar los testimonios del Dr. Jacinto Convit y su recién fallecida esposa, cristalizados en documentales previos.
 En Vale TV su mayor legado es su filosofía de vida, que trataremos de presentar en una película que será llevada al cine con el apoyo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y especialmente de su presidente, Juan Carlos Lossada.
 "Sentimos que es responsabilidad de Vale TV mostrar la trayectoria de hombres y mujeres que en diferentes disciplinas han sido un ejemplo de trabajo, dedicación, constancia y sobre todo coherencia, valores que debemos difundir con ejemplos claros y contundentes. Convit es uno de esos ejemplos que el país y los jóvenes requieren emular. El principio del logro es el sueño. Convit soñó ser médico, quedarse y luchar en su país y encontrar la cura de las enfermedades más terribles que ha padecido el ser humano", así comentó la Directora de Vale TV, María Eugenia Mosquera.
Así mismo destacó, “Vale TV ha sido el canal pionero en documentales en el país, hemos utilizado este formato durante los 15 años de existencia, esto nos ha permitido llegar a todo tipo de público, siendo una herramienta que transmite conocimiento y cultura acerca de temas que son del interés de las comunidades y sociedades en general”.
Finalizó Mosquera, “El valor moral de nuestra marca nos ha consolidado como el único canal de Responsabilidad Social”.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Convit llega al cine de la mano de Vale TV

Encontrar la vacuna contra la lepra no fue suficiente para Jacinto Convit, a sus cien años sigue trabajando para encontrar la cura de la llamada “enfermedad maldita”, el cáncer. Resulta inimaginable que los avances, retrasos y todo lo concerniente del ser que se convirtió en una esperanza, esté encerrada en una cinta de 70 minutos, un reto que logró Vale TV con Convit: ‘Una época donde germinó la esperanza’.

El documental se estará proyectando, en función privada, este sábado y se expondrá en todas las salas de cine del país a partir de marzo de 2014, gracias al apoyo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC).






"Sentimos que es responsabilidad de Vale TV mostrar la trayectoria de hombres y mujeres que en diferentes disciplinas han sido un ejemplo de trabajo, dedicación, constancia y sobre todo coherencia, valores que debemos difundir con ejemplos claros y contundentes. Convit es uno de esos ejemplos que el país y los jóvenes requieren emular. El principio del logro es el sueño. Convit soñó ser médico, quedarse y luchar en su país y encontrar la cura de las enfermedades más terribles que ha padecido el ser humano", dijo la directora general de Vale TV, María Eugenia Mosquera.

Mosquera fue la encargada de dirigir la pieza audiovisual junto a Sergio Monsalve, columnista del diario El Nacional y miembro del equipo del canal de televisión. En la cinta no solo se recoge el testimonio del galeno, sino que también se deja en evidencia las palabras de su fallecida esposa, Rafaela Martota, además de otras personalidades vinculadas a la vida de Jacinto Convit que fueron entrevistadas con anterioridad.



Se prevé que el canal del Arzobispado de Caracas ofrezca más información sobre el filme, a través de las redes sociales: Twitter: @ValeTVCanal5 / @ConvitPelicula Facebook: Canal Vale Televisión YouTube: CanalValeTV

Ficha Técnica:
Dirección
Sergio Monsalve y María Eugenia Mosquera
Producción General
Rossana Quintero
Dirección de Fotografía
Branimir Caleta
Dirección de Post Producción
Marcel Bardón
Animaciones
Titán Post
Mezcla y diseño de sonido
Francisco Toro