lunes, 2 de agosto de 2010

Jacinto Convit: "en medio de una batalla campal no se puede construir una nación"




 
Creo en la juventud

Encontrar en la vida un deseo, una pasión para vivir, es un impulso fundamental.

Uno nunca puede pensar en el futuro si no trae la historia. La historia enseña mucho, cómo comenzó, cómo se desarrolló. Se hace camino al andar.

La Leprosería de Cabo Blanco, en Maiquetía, Venezuela, lugar espantoso donde predominaba la miseria y el dolor, fue para mí una escuela de bondad. Cuando estudiante hice una visita a Cabo Blanco. Me impresionó la situación de un grupo muy grande de pacientes, serían cerca de mil, donde la situación era tan grave que no tenían ningún tratamiento, estaban execrados, rechazados por una sociedad profundamente egoísta, incapaz de entender lo que es el dolor humano. Sentí un gran deseo de trabajar por esa gente, de ver qué podía hacer por ellos.

Una vez graduado y trabajando en ese lugar, lo primero que hicimos fue estudiar la posibilidad de desarrollar un tratamiento que curase la enfermedad, que acabase con las leproserías y con las leyes que obligaban al aislamiento compulsorio. Ese fue el objetivo.

Con un grupo de ocho jóvenes estudiantes de medicina, que tendrían para aquella época alrededor de 22 años y yo, que tenía 24, nos dedicamos con pasión a trabajar para liberar a un grupo humano que era perseguido por su enfermedad. Con nuestra vocación y la experiencia de un equipo de excelentes profesionales, dimos con una solución efectiva.

Con resultados en mano, nos dirigimos a las autoridades y les dijimos: “miren, se está cometiendo un error grave al aislar compulsoriamente a estas personas, separarlos de sus seres queridos crea una gran tragedia en los grupos familiares y nosotros encontramos una solución”. Lo que teníamos era el deseo de luchar por la libertad, un derecho al que no se puede renunciar.

El prejuicio es el elemento más grave y más difícil de combatir. Creo que no se ha estudiado a fondo y parece que no es un asunto que resuelva la educación. Como decía Goethe “ser humano es un deber”. El estigma afecta a la sociedad y hace extremadamente difícil el control de la afección, incide sobre la familia y sobre el enfermo mismo, quien se esconde para evitar el rechazo. No hay nada que alivie más a un ser humano de su sufrimiento, que ser liberado de la marca de un estigma.

Yo creo que los sentimientos de amor hacia el ser humano van a estimular en él la vocación de servicio, que no es otra cosa que pura y simplemente un profundo amor a la vida. El que tenga facilidades para amar a los demás, que lo haga con lo que disponga. Luchar por la felicidad de los demás, sirve para la evolución de uno como persona. Dedicarse con ahínco a tratar de mejorar la situación del prójimo es fundamental en la vida.

Lo importante es que la gente progrese, transforme su forma de vida y tenga lo suficiente para ser feliz, que tenga salud y educación. La sociedad tiene que comprender que la salud es la base para el progreso.

Para la evolución es preciso la autonomía, la iniciativa, la disposición para el esfuerzo, las evaluaciones periódicas para asegurarse de que se está en la vía correcta. Es necesario impulsar la vida del pueblo para que este tenga la información suficiente, para que se organice y obtenga los recursos requeridos. El maestro tiene que aprender, tiene que impulsar la evolución. Los padres y la organización familiar deben edificar la estructura para el desarrollo de la persona desde el comienzo de la vida.

Los hombres de ciencia, los científicos, luchamos contra lo imposible, consagrándonos a los demás, transitando los posibles caminos para lograr que la vida se parezca cada vez más a la vida. Cuando tengo un ratico libre, me gusta soñar en las otras cosas que quisiera hacer por esos otros pacientes cuyas enfermedades aun siguen sin respuesta alguna. De allí surgió el interés por el modelo de una inmunoterapia del cáncer, que venimos desarrollando como un estudio que puede resultar importante.

Hay mucha gente con un lenguaje depresivo, insistiendo en que estamos mal. Creo que, al contrario, tenemos que formar a los jóvenes con la capacidad de superar las situaciones, sin importar las dificultades en las que se encuentren. Debe haber un cambio de actitud. Los hombres aman más el esfuerzo y la producción hecha por ellos mismos.

Me gustan los filósofos que hablan del porvenir y de la proyección sobre el futuro del mundo. Los países se hacen pensando y haciendo. Hay que crear un ambiente adecuado para el pensamiento. En medio de una batalla campal no se puede construir una nación. Las naciones se hacen cuando se complementan todos y se ponen de acuerdo.

Creo en la sociedad, creo en la juventud, que son los que deben cargar ese peso importante, hacer un esfuerzo enorme. Nosotros haremos, con el tiempo que nos queda, todo lo que podamos, pero ellos tienen que hacer esa carrera de relevo.


Jacinto Convit
2 de agosto, 2010

jueves, 29 de julio de 2010

Estudio de Convit obtiene apoyo

Caracas, 29 Jul. AVN .- A pesar de las críticas, de las últimas semanas, realizadas por algunos investigadores hacia los estudios sobre cáncer desarrollados por el doctor Convit, director y fundador del Instituto de Biomedicina, instituciones, empresas y personas se han acercado a ponerse a la orden para apoyar esta investigación.

Así lo informó, Ana Federica Convit, nieta del doctor que trabaja de manera voluntaria en el Instituto de Biomedicina, y quién agregó que entre estas organizaciones se encuentran la Sociedad Anticancerosa y el Instituto Oncológico Luis Razzeti de la Universidad Central de Venezuela, que quieren aportar su experiencia y lo que haga falta para el estudio.

Otros entes tanto públicos como privados, nacionales y extranjeros han manifestado su deseo de cooperar financieramente. “Hay bastante interés, pues existen muchas personas sensibles con este tema”, apuntó.

Convit comentó que por ahora los esfuerzos están concentrados en atender a los cientos de casos que llegaron en los últimos dos meses.

“Nos hemos visto forzados a detener momentáneamente el ingreso de nuevos pacientes al estudio, pues necesitamos unas semanas para adecuar nuestra plataforma asistencial y evaluar los múltiples casos pendientes que nos han llegado debido a la avalancha mediática”.

Otro aspecto importante en este momento para el equipo del doctor Convit es publicar el estudio en una revista científica reconocida, en lo que se encuentran trabajando actualmente.

Refiriéndose a los últimos comentarios publicados en la prensa nacional acerca del estudio llevado a cabo por el doctor Convit, su nieta explicó “existen dos tipos de críticas las constructivas, hechas por algunas personas vinculadas al área científica y médica, que nos han enviado comunicaciones para que les informemos sobre el estudio, y las destructivas que han resultado decepcionantes, pues no buscan agregar valor a esta investigación sino sabotearla.”

La nieta de Convit invitó a todas las personas que han tenido una postura crítica con el proyecto a que se acerquen al Instituto de Biomedicina, se informen y, además, se unan aportando su experiencia y trabajo.

miércoles, 28 de julio de 2010

SUMEMOS VOLUNTADES









Convit recibe medalla Naval Almirante Luis Brión


Caracas, 27 Jul. AVN .- El comandante general de la Armada Carlos Aniarsi Turchio, le hizo entrega de la Medalla Naval Almirante Luis Brión al doctor Jacinto Convit, eminente médico e investigador venezolano.

Este galardón que otorga la Armada de la República Bolivariana de Venezuela es un reconocimiento a la dedicación, esfuerzo y superación en el ámbito profesional y académico dentro de la institución y fuera de ella, otorgada a militares y civiles, así como a venezolanos y a extranjeros.

Fue bautizada en honor al héroe de la Guerra de Independencia de Venezuela Luis Brión y se concede en una Única Clase.

El doctor Jacinto Convit quien pronto cumplirá los 97 años de edad y 72 de ejercicio profesional tiene entre sus múltiples logros el de haber luchado contra enfermedades como la lepra, la leishmaniasis y, recientemente, el cáncer.

Una de las contribuciones que le ha dado más relieve internacional a Convit es el desarrollo de un modelo de vacunación contra la lepra, sin embargo según algunos, su mayor logro está en haber cambiado la orientación de la lucha antileprosa al evitar el aislamiento compulsorio de los enfermos e implementar el tratamiento ambulatorio y el control y protección de sus contactos.

Jacinto Convit ha hecho aportes de gran relevancia también en patologías como la oncocercosis y las micosis humanas. Sus estudios abarcan los aspectos clínicos epidemiológicos, terapéuticos y de control de estas enfermedades.

Este insigne personaje ha dedicado toda su vida a la investigación científica y fue postulado en 1988 para el Premio Nobel de Medicina.

Convit ha publicado más de doscientos ochenta y site trabajos de investigación en revistas nacionales e internacionales.

martes, 27 de julio de 2010

Yolanda Jaimes: Dar felicidad

Ultimas Noticias / Yolanda Jaimes: Dar felicidad


Una entrevista de prensa realizada al científico venezolano Jacinto Convit, trajo a nuestra mente la reflexión que proviene como consecuencia de nobles actuaciones ejecutadas por individuos cuya vida se ha expresado en laboriosidad permanente y servicios al bienestar social, expresadas con la humildad propia del sabio verdadero.

Es un investigador a quien el país debe la gloria de haber desarrollado la vacuna contra dos enfermedades que en la Venezuela agraria diezmaron la población, pero hoy, gracias a su talento y tesón, están controladas: la lepra y la leishmaniasis. Convit desarrolló una labor humanitaria asombrosa, pues no sólo se dedicó a buscar la cura para tan terrible enfermedad como la lepra, sino que lideró una campaña para que quien la padecía, recibiera un trato digno de su condición humana.

Es un médico social que a sus 96 años de edad, considera su profesión como la de un servidor público y un protector de la vida humana. No se da pausa en el trabajo: ahora está a la búsqueda de una vacuna contra el cáncer, ojalá pueda llegar a su meta, pese a que ya la humanidad se muestra incrédula acerca de abatir un mal que causa tantas muertes. En esta difícil tarea está investigando el Dr. Convit y es una esperanza para el avance de la Ciencia, de la cual, según afirma, depende el desarrollo de un país.

Tan insigne venezolano bien merece el Premio Nobel de la Medicina, por el enriquecedor aporte dado a la ciencia en su larga vida.

Su proyección hacia el futuro crece aún más cuando habla, no sólo de su propósito de derrotar el cáncer, sino cuando, cual filósofo, compone un canto a la vida al afirmar que tener planes que estimulen la actividad cerebral, ejercitar el cuerpo permanentemente, vincularse con amistades, vecinos y compañeros para intercambiar ideas, son pautas indispensables para alargar la vida.

"Uno debe acostumbrarse a ser feliz, cuando hace feliz a los demás", concluye Convit en su entrevista.

Dar felicidad no debería ser tan difícil si nos deslastramos de mezquindades y de envidias. Si abandonamos el individualismo y vamos al reencuentro de nuestros semejantes. Si somos capaces de compartir y de dar sin esperar nada a cambio. ¿Acaso la felicidad del ser humano no es un objetivo de nuestros días?



Abogada/ Prof. UCV

domingo, 25 de julio de 2010

El ABC de Jacinto Convit, científico venezolano - ¡Qué Dios lo ilumine!, exclaman los pacientes en el Hospital Vargas

Foto cortesia de Julio Urdaneta

Por: MACKY ARENAS_ ABC de la semana

“¡Que Dios lo ilumine!”, es la frase que se escucha repetir a los enfermos que esperan por el sabio del Vargas. El Instituto de Biomedicina, contiguo al emblemático y caraqueñísimo hospital, es hoy un hervidero de afectados por la que se llama discretamente “penosa enfermedad”, como si se temiera hasta pronunciar el nombre. Todos quieren vivir. Hace tiempo que este viejo luminoso libra un combate sin cuartel contra el cáncer. Tiempo es lo que necesita el doctor Jacinto Convit. Ha recorrido un largo camino a través de su gran pasión: la investigación, desde que salvó a la humanidad de la más terrible y humillante enfermedad bíblica (la lepra), hasta hoy, cuando al filo de la centuria en edad, se aproxima a conseguir la vacuna contra el cáncer. “No es una vacuna –ha explicado desde el comienzo- es más bien una inmunoterapia. Las vacunas son tratamientos preventivos y esto no es lo mismo. La persona debe estar enferma para que pueda recibir esta terapia, que se obtiene de su propio organismo, del propio tumor”. Siendo así, el cáncer se enfrenta a un enemigo de cuidado: encima, no harán falta miles de millones para producir el remedio y menos para tener acceso a él.



Este “milagro”, como ya lo llaman algunos, se prepara al instante y se aplica en tres dosis con intervalos de seis semanas. En 23 personas sólo dos de ellas no obtuvieron mejorías. Una tenía diabetes y la otra estaba recibiendo quimioterapia. “Dependiendo de la complejidad de cada caso los cambios tardan más o menos, pero ya hay personas que a la primera o segunda dosis comienzan a presentar cambios inmunes”, cuenta un miembro del grupo que acompaña al doctor Convit. Los resultados han sido sumamente alentadores para plantarle cara a esta enfermedad que se ha llevado a la tumba a millones de seres humanos, justamente atacando con fiereza en las modalidades sobre las que trabaja el equipo de Convit: mamas, colon, cerebro y estómago. Está claramente en etapa experimental y Dios le está dando el tiempo que este apóstol de la esperanza va requiriendo para cumplir con la fase final de la cuota de agradecimiento a su querida Venezuela, a la que escribió en una carta: “Te agradezco el haber sido formado en tu seno y el haber entendido, en mi tránsito en la vida asentado en ti, que es el trabajo compartido en equipo, consciente y sostenido, el más fructífero. Ayúdanos a entender para tu mayor esplendor que eso es así”.

 
EQUIPO DE LA ESPERANZA

Y ha sido así. Jacinto Convit ha logrado un equipo que ha persistido a su lado en la fe, en el esfuerzo, en el desprendimiento por amor a este país. Hoy, como auténticos franciscanos de la ciencia, siembran la esperanza en medio de un colectivo desesperanzado y el aliento en medio de la depresión. Nunca hemos estado más defraudados, aparentemente entregados y es justo ahora, como si se tratara de una señal del Cielo, que se nos revela de nuevo este héroe civil levantándose como el luchador de la lona, en el impulso decisivo antes del sonido de la campana. Está potenciando cambios en el sistema inmunológico de la persona afectada con el uso de su propio tumor. El compuesto que se inyecta es personal, por lo tanto, gratuito. La cura estará al alcance, si concluye con éxito la fase experimental, de todo aquél que la necesite. Tal vez la quimioterapia, con sus terribles efectos colaterales sobre el organismo humano, no será necesaria, antes bien, muy probablemente sea contraindicada. El costoso tratamiento que dejaba por fuera a los pacientes sin recursos, encontrará su muerte natural en la perseverante e ininterrumpida evaluación que este notable investigador conduce en quienes voluntariamente acuden en masa a pasar por la prueba. Poco tienen que perder y mucho que ganar.



En diez minutos está lista la vacuna. Nunca se fabrica si el paciente no está sentado esperando. El interesado se presenta, se le hacen unos sencillos test de inmunidad celular con pedacitos de tejido de la parte afectada y se elabora la vacuna el día en que la persona llega para aplicársela. Se suministra por vía intradérmica, en uno de sus brazos. A partir de ese momento, comienza un control riguroso de toda la evolución médica del paciente, especialmente los informes aportados por su oncólogo tratante. El doctor Convit no cobra por nada. “Jamás en su vida ha ejercido en privado”, dicen sus colaboradores. Y nos consta. La fila de pacientes a las puertas de su consultorio, día tras día, prueba que esa eminencia de la medicina se ha consagrado a quienes menos tienen. No en balde lo llaman “el José Gregorio Hernández de San José”.



ALIVIAR EL DOLOR HUMANO

Dentro de un ratico tendrá cien años, de los cuales ha dedicado a la áspera y silenciosa faena de la investigación la casi totalidad de su desempeño profesional y no ha perdido su lucidez, ni su natural simpatía, ni su curiosidad de saber, ni su cercana sencillez, mucho menos su trato humano y afable. Es una persona alegre y hasta bromista, lo cual no deja de ser sorprendente en un ser que tiene que haber visto desfilar al dolor de la mano de la miseria, del llanto y de la impotencia a lo largo de toda su vida. Una vez fue nominado al Nobel de Medicina y la mezquindad se lo arrebató. Pero él no se quejó ni se amilanó. Simplemente siguió en lo que toda la vida ha hecho: aliviar el sufrimiento humano. Gracias a él Venezuela fue la primera de las naciones del mundo en mostrar que la dignidad del ser humano que sufre la lepra debe ser preservada y que un enfermo no debe ser humillado ni rechazado, sino atendido y curado. Hoy, de nuevo, Jacinto Convit está señalando al mundo el camino hacia la cura del cáncer y una fórmula para hacer llegar las terapias a quienes jamás podrían cubrir los costos exorbitantes de los actuales tratamientos, dolorosos, prolongados y nada garantizados, en otras palabras, a las mayorías.



“Falta mucho para llegar a la meta, no queremos crear falsas expectativas”, dicen en el laboratorio, pero Convit anima, orienta, atiende personalmente a los pacientes, ha enrolado con su entusiasmo a experimentados colaboradores que estaban a punto de retirarse. Nadie puede decirle que no. Convence con su empeño en salvar vidas y aportar a la humanidad un poco de alivio; y convence con sus ojos azules profundos, conmovedores, llenos de inmensidad y de dulzura. Pronto comenzarán a publicar en revistas especializadas y a documentar los resultados obtenidos en esta segunda etapa, con humanos. Es conmovedor escuchar los testimonios de quienes participan con el doctor Convit en estas tareas. Se sienten afortunados, dicen que persistirán hasta que el cuerpo resista. Desde el 2006 están en eso. Por dos años experimentaron en animales y fueron ajustando aquí y allá, revisando componentes y distintas opciones, observando…hasta que en el 2008 comenzaron a probarlo en humanos, bajo la fórmula integrada por un gramo del tumor que tiene la persona, el Bacillus de Calmette y Guérin –conocido como BCG- y una parte de formalina que es un compuesto químico. No hay misterio ni secreto, todo es producto de la dedicación y el deseo de ser útiles. Lo que hacen está sometido a estrictos controles microbiológicos avalados por las Buenas Prácticas de Manufactura de la Organización Mundial de la Salud.


SIN MISTERIOS NI SECRETOS
El Doctor Jacinto Convit es altamente respetado por la comunidad médica internacional. Su sola mención es sinónimo de prestigio y admiración por parte de sus colegas investigadores en el mundo entero. De repente escucha uno expresiones de sospechosos reparos o de súbito deslinde de su proyecto, en factores que debían estar aupando esos esfuerzos y sumándose a colaborar. “Es aquí donde lo conocen poco –dice una gran amiga de la familia-. Cuando nos ha tocado viajar, la gente pelea por verlo, por compartir con él, lo reconocen, lo tratan con inmenso respeto, ¡hasta los maleteros se matan por llevarle el equipaje en los aeropuertos!”. ¿Nadie es profeta en su tierra? La gente que padece desmiente el dicho: “El nombre de Convit me trajo aquí”.



Cuando fuimos a entrevistarlo, para su biografía en Globovisión, nos dedicó el tiempo que necesitábamos, con su característica bondad y suavidad en el trato. Nos contó su historia haciendo gala de una memoria envidiable. Relataba sus experiencias con humildad, como si se tratara de un ser común y corriente, con una conversación sumamente grata y fluida. Su despacho es de una simpleza que contrasta con su currículum imposible de asimilar en una sola lectura. Uno llega a preguntarse si los periodistas no somos un estorbo para este tipo de mentes en permanente creación y más si vamos con cámaras, luces, cables y micrófonos. Cualquiera podría sentirse insecto ante tanta sabiduría, pero esos ojos azules inoculan confianza: “Adelante, pregunta que yo te contesto”. Entonces uno se aventura. Es de esos seres especiales que son capaces de sacar lo mejor de cada interlocutor. Sus asistentes, literalmente, lo adoran. No se le pasa nada. Está pendiente de todo, si queríamos un juguito, si nos habían facilitado las cosas, si precisábamos de algo más. El confesó que todo lo que le hacía falta era tiempo y que si Dios se lo concedía él daría con esa terapia contra el cáncer. Fue una lección que tuvo un broche de oro. Cuando le preguntamos qué debíamos hacer para llegar a su edad en sus condiciones, respondió: “Hay que amar y dejarse llevar. El odio mata, el amor cura”. No queda sino quitarse el sombrero ante Convit. Coreamos a las humildes voces que cada día lo ponen en manos del Creador: que Dios lo ilumine y sobre todo, ¡que Dios lo bendiga!

sábado, 24 de julio de 2010

EL PRÓCER Convit

// Macky Arenas


El Instituto de Biomedicina del Hospital Vargas es uno de los lugares públicos en este país donde se trabaja. Y no sólo se trabaja, sino que se hace con mística, entregados al servicio público y demostrando que existen recursos humanos con la pericia y dedicación suficientes como para rescatar nuestro puesto internacional como nación solidaria y llena de potencialidades.

....Cuando sabemos que en ese humilde edificio de San José un sabio casi centenario investiga, con el mismo ardor con que lo hacía de recién graduado para encontrar una cura contra el cáncer, no hay que discernir mucho para identificar al héroe civil, al moderno prócer, al combatiente de la constancia, cuyo ejemplo nos está señalando la ruta de la entrega individual a través de la cual sumaremos el esfuerzo colectivo ........